Articulo 9: Necesidades Fisiologicas Nutricionales De La Vaca Alrededor Del Parto

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Necesidades Fisiologicas Nutricionales De La Vaca Alrededor Del Parto

 Por:  Julio Garmendia

Facultad de Ciencias Veterinarias, UCV, Maracay. E-mail: juga@telcel.net.ve

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La vaca gestante: El período alrededor del parto es muy dinámico y relacionado con cambios endocrinos y metabólicos que ocurren en la vaca, en el feto en desarrollo, durante el parto, la lactación y en el restablecimiento de la función reproductiva posparto. Por otro lado, el número de días requeridos para concebir después del parto es uno de los mejores criterios utilizados para evaluar la habilidad reproductiva de las vacas bajo condiciones de explotación de carne y leche. Además, el efecto de la gestación previa, el parto y el efecto del amamantamiento sobre el sistema neuroendocrino retardan frecuentemente el reinicio de la actividad ovárica posparto (Garmendia, 1995).

 Las prioridades de nutrientes de las hembras de cría bovina son, en orden de importancia, las siguientes: 1) mantenerse viva; 2) producir leche; 3) seguir creciendo (vacas jóvenes) y reproducirse. Por ello, la característica reproductiva más afectada es la tasa de concepción debido a que todos los requerimientos fisiológicos deben ser cubiertos para que la vaca inicie sus ciclos estrales.

 Muchas investigaciones han señalado que las vacas gestantes que ganan peso preparto tienen mejor comportamiento reproductivo ya que están en un balance energético positivo. Por lo tanto todo productor que desee mejorar el comportamiento reproductivo postparto debe monitorear los pesos alrededor del parto. Por el contrario si hay pérdidas de peso y condición deben, entonces, establecerse estrategias alimenticias para evitar dichas pérdidas. Es necesario indicar que es mucho más fácil y económico engordar una vaca o novilla antes del parto que después del mismo (Garmendia, 2001).

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 Es fundamental hacer una evaluación de la condición de la vaca cuando llega al séptimo mes de gestación. Si el objetivo es lograr que la hembra al parto no tenga, al menos una costilla visible, es necesario decidir como alimentar a ese animal. La preñez de una novilla de primer parto es mucho más difícil que en una vaca adulta ya que ella debe producir leche y continuar creciendo. Si la novilla queda preñada por primera vez con un peso menor de 300 kg se debe procurar que ella gane, al menos, casi medio kilogramo diario durante la preñez. Esto permitiría un peso de 430 kg al parto. Más importante, debe tener una buena condición corporal (de 4 o más) al parto. Las novillas o vacas de primer parto que no tienen pesos y condiciones corporales al parto y durante el periodo posparto, presentan una muy baja capacidad reproductiva. Por ello, la menor prioridad es la de gestar nuevamente. Si la hembra se encuentra bajo limitación nutricional, se pierde rápidamente la capacidad de producir y de reproducirse. Mientras que es difícil preñar una novilla después del primer parto y una vaca en inadecuada condición corporal, es bastante factible, con buenas prácticas de manejo, hacerlas preñar de nuevo.

 Para lograr esto, es necesario aplicar prácticas de manejo alimenticio después de la primera gestación. Después de la primera gestación debe procurarse la obtención de continuas ganancias de peso y crecer hasta alcanzar el peso adulto adecuado.

 De tal manera que es indispensable tratar de cubrir sus requerimientos nutricionales durante los periodos preparto, posparto y de lactación para garantizar un adecuado comportamiento reproductivo.

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 El balance energético es el resultado de la diferencia entre las necesidades del animal y los aportes alimentarios. Durante las 2-4 últimas semanas de gestación se produce un aumento sustancial de las necesidades energéticas debido al desarrollo fetal y a las necesidades de síntesis de calostro. Esta situación se acompaña de una disminución en la ingestión de materia seca (fundamentalmente en la última semana de gestación). Estas dos circunstancias son, con frecuencia, responsables del desarrollo de un balance energético negativo que inicia unas  semanas antes del parto. El ganado vacuno tiene la capacidad de compensar los déficit alimentarios de energía a través de la movilización de grasa corporal. Sin embargo, un exceso de movilización de grasa conduce a problemas patológicos y reproductivos.

 Las necesidades de proteína para la gestación son relativamente poco importantes hasta los dos últimos meses, cuando las necesidades crecen de forma exponencial. Este aumento de las necesidades de proteína tiene su origen en el crecimiento del feto y, en las semanas previas al parto, en la síntesis de calostro. Este aumento en las necesidades proteicas se agrava por la disminución de la ingestión de alimentos en las semanas previas al parto.

 Los efectos del balance proteico negativo se muestran en el postparto, ya que el déficit generado durante el preparto se suple con la movilización de reservas corporales. Sin embargo, la capacidad de movilizar proteína es mucho más limitada que la disponibilidad de energía, y pueden agotarse antes o al inicio de la lactación. Una vez agotadas las reservas, la falta de proteína limita la producción de leche y la síntesis de inmunoglobulinas, por lo que la competencia inmunitaria se ve comprometida. El resultado es una mayor predisposición a la aparición de patologías postparto (retenciones placentarias) y producciones limitadas.

 El déficit en el aporte de proteína durante el preparto puede solucionarse por:

 Formulando la ración adecuadamente para evitar el déficit. En este sentido debe considerarse el contenido en proteína, su degradabilidad y su calidad aminoacídica. En consecuencia, es necesario ha defendido la necesidad de incrementar los niveles de proteína de la ración preparto hasta un 15 16% (Grummer, 1995). Se ha demostrado que alimentando a los animales por encima de las necesidades establecidas por el NRC durante las últimas 3 semanas preparto disminuyeron las retenciones placentarias y la incidencia de cetosis (Hook et al., 1989; Van Saun, 1993). La necesidad de que dicha proteína sea de baja degradabilidad ruminal es aun motivo de debate. Sin embargo, se va acumulando evidencia de que la formulación de raciones con un 50-55% de la proteína en forma de proteína protegida mejora la producción a principio de lactación. Sin embargo, es necesario considerar si es posible conseguir estos aportes adicionales de proteína mediante el estímulo de la síntesis de proteína microbiana o es necesario el aporte de proteína de baja degradabilidad ruminal.

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